Te acaban de decir que hay que quitar el útero, o ya te lo han quitado, y entre el alivio de resolver el problema que te llevó hasta ahí (miomas, sangrados que no paraban, un prolapso, endometriosis) aparece una pregunta que casi nadie responde en la consulta de ginecología: ¿y el suelo pélvico, qué pasa con él?
La histerectomía es una de las cirugías más frecuentes en mujeres, y aun así se habla poco de su parte «de después»: si aumenta el riesgo de escapes, si el sexo va a cambiar, si hay que hacer algo en concreto. Vamos a verlo con lo que dice la investigación, sin adornarlo y sin asustar.
Qué sostiene el útero, y qué pasa cuando ya no está
El útero no flota solo: cuelga de un sistema de ligamentos (los uterosacros y los cardinales, entre otros) que también sostienen la parte más alta de la vagina. Cuando se extirpa el útero, esos ligamentos se seccionan y se recolocan para sujetar lo que queda: la cúpula vaginal pasa a ser el punto más alto de la vagina y necesita un buen anclaje para no perder soporte con el tiempo.

Esto no significa que el suelo pélvico «se quede sin nada». La musculatura del suelo pélvico sigue ahí y sigue siendo la base de todo el sistema de sostén. Pero uno de los puntos de anclaje ha cambiado, y eso tiene consecuencias medibles a medio y largo plazo, que es justo lo que ha analizado la investigación más reciente y más grande sobre el tema.
Lo que dice el estudio más grande hasta la fecha
En 2025 se publicó en el American Journal of Obstetrics and Gynecology una revisión sistemática con metaanálisis que reunió 60 estudios y más de 3,5 millones de mujeres, comparando a mujeres histerectomizadas por causas benignas con mujeres sin histerectomía, con al menos un año de seguimiento.
Los resultados, separados por el tiempo transcurrido desde la cirugía, son los más claros que existen hasta ahora:
- En los primeros 10 años, la histerectomía se asoció a más incontinencia urinaria en general, más incontinencia de esfuerzo (esa que aparece al toser, reír o saltar), más vejiga hiperactiva y más incontinencia mixta.
- Pasados los 10 años, el riesgo que se mantiene elevado es el de prolapso de órganos pélvicos y el de incontinencia de esfuerzo, este último de forma más marcada que en los primeros años.

Para que estas cifras se entiendan bien: un valor de ×1,62 no significa que un 62% de las mujeres histerectomizadas vaya a tener incontinencia mixta. Significa que, comparando dos grupos de mujeres iguales en todo salvo en haberse operado, el grupo operado tiene un 62% más de probabilidad de referirla que el grupo no operado. Es una medida de riesgo relativo, no una predicción de lo que te va a pasar a ti. Fíjate también en el patrón temporal: los síntomas urinarios pesan más en la primera década, y el prolapso y la incontinencia de esfuerzo pesan más después, probablemente porque el soporte ligamentoso va cediendo poco a poco con los años, no de golpe.
Es importante leer esto bien: son asociaciones estadísticas en grandes poblaciones, no una sentencia individual. La mayoría de las mujeres histerectomizadas no desarrolla ninguno de estos problemas. Pero el patrón es lo bastante consistente (60 estudios, en distintos países y décadas) como para tomárselo en serio y no despachar el tema con un «eso no tiene que ver con la operación».
¿Importa si me quitan también el cuello del útero, o los ovarios?
Es de las preguntas que más se repiten en consulta. Aquí la evidencia es más tranquilizadora de lo que se suele pensar.
Revisión sistemática, J Sex Med (2023) · 32 estudios · 4.054 mujeres. No se encontró que la histerectomía cambiara de forma relevante la función sexual global, independientemente de si se conservaba el cuello del útero. Sí se encontró que extirpar también los ovarios se asoció a menor mejora en lubricación y orgasmo que cuando se conservan.
La conclusión de los propios autores es clara: no debería extirparse el ovario si no hay una razón médica que lo justifique, y conviene hablar de la sexualidad después de la histerectomía en la consulta, no dar por hecho que no hace falta.
Pero hay más datos, y en este caso van más allá de la sexualidad. Una revisión sistemática de 2019 siguió a mujeres entre 5 y 14 años tras la cirugía y encontró algo que sorprende a bastante gente: las mujeres a las que se les practicó una histerectomía total (con extirpación del cuello) tuvieron menos incontinencia urinaria y menos incontinencia de esfuerzo a largo plazo que las que se sometieron a una histerectomía subtotal (conservando el cuello). No hubo diferencias en el riesgo de prolapso entre ambas. Dicho de otro modo: la idea extendida de que «conservar el cuello protege más» no se sostiene con los datos disponibles; si acaso, apuntan justo en la dirección contraria para la incontinencia. Esto no convierte a la histerectomía total en la opción «correcta» para todo el mundo —hay otros motivos médicos que pesan en esa decisión—, pero sí es un dato que merece estar sobre la mesa cuando se habla contigo de qué técnica se va a usar.
Qué puede hacer la fisioterapia de suelo pélvico (y qué no)
Aquí es donde toca ser honestos con los límites de la evidencia, porque no todo lo que nos gustaría que funcionase tiene el respaldo que querríamos.
Una revisión sistemática de 2024 (Brazilian Journal of Physical Therapy) analizó específicamente los ensayos clínicos que probaron el entrenamiento del suelo pélvico en mujeres tras una histerectomía: 6 ensayos, 776 mujeres.

Lo que encontró, con una calidad de evidencia moderada, es que el entrenamiento del suelo pélvico mejora la función sexual de forma clara (una mejora de 5 puntos en la escala FSFI, un cuestionario validado de función sexual femenina, frente a no hacer nada). Es un resultado sólido y nada desdeñable.
Pero en el resto de objetivos, la revisión es clara en que la evidencia todavía no permite afirmar gran cosa: el efecto sobre la fuerza muscular, la calidad de vida o los síntomas urinarios fue demasiado impreciso para sacar conclusiones firmes, y no se encontró ningún efecto sobre el prolapso vaginal. Esto último puede sorprender, pero tiene sentido: el entrenamiento fortalece el músculo, no repara un ligamento seccionado ni sustituye el soporte que daba el útero. Son mecanismos distintos.
Dicho de otro modo: la fisioterapia de suelo pélvico tras una histerectomía tiene un beneficio bien demostrado (la sexualidad) y varios beneficios plausibles pero aún no confirmados con solidez (síntomas urinarios, fuerza, calidad de vida). No es una promesa de que «esto te va a librar del prolapso o de los escapes», y cualquiera que te lo prometa así no está siendo preciso con lo que sabemos.
La pared abdominal: la pieza que muchas revisiones no incluyen
Cuando se habla de prolapso, casi toda la atención se la lleva el suelo pélvico. Pero el suelo pélvico no trabaja solo: forma equipo con el diafragma por arriba y con la pared abdominal alrededor, como una caja de presión. Si esa pared no gestiona bien la presión (por una diástasis abdominal sin trabajar, por empujar en apnea al levantar peso o al ir al baño, por toser sin control) toda esa presión de más baja hacia abajo, justo hacia la cúpula vaginal, que es la zona que más protección necesita tras una histerectomía.
Esto casi nunca entra en una revisión ginecológica estándar, que se centra en la cicatriz y en la propia cúpula, no en cómo gestionas la presión abdominal en tu día a día. Es, en cambio, una parte central de una valoración de fisioterapia de suelo pélvico, y por eso conviene que alguien la revise, aunque tu ginecólogo no te lo plantee en la consulta.
La evidencia más sólida sobre esto viene del posparto, no de la histerectomía directamente, pero el mecanismo biomecánico (la presión abdominal empujando hacia el suelo pélvico) es el mismo tras cualquier cirugía abdominal. Una revisión sistemática de 2025 con más de 21.000 mujeres encontró que entrenar el suelo pélvico reducía en un 56% las probabilidades de prolapso, y que trabajar la musculatura abdominal reducía la separación entre los rectos abdominales (la diástasis). Trasladado a la histerectomía: revisar y trabajar tu pared abdominal, no solo el suelo pélvico, forma parte de una recuperación bien hecha, y es precisamente la pieza que una revisión ginecológica no suele valorar.
Esto es justo lo que se mira en una valoración de suelo pélvico. Si te vas a operar o ya te han operado y quieres saber en qué punto estás, escríbeme por WhatsApp y lo vemos.
Qué puedes hacer, según el momento en que estés
Si todavía no te has operado: aprender a activar bien el suelo pélvico y la pared abdominal antes de la cirugía no tiene coste ni riesgo, y te da una base para retomarlo antes después. No hay evidencia de que acelere la recuperación, pero tampoco de que perjudique.
Las primeras semanas tras la cirugía: hay una fase inicial, real y no negociable, en la que el cuerpo necesita cicatrizar la cúpula vaginal, y ahí sí hay que respetar el reposo relativo. Pero pasada esa fase, la pauta de «nada de esfuerzo hasta la revisión de las 6 semanas» que se da en muchas consultas es una plantilla genérica pensada para cubrir a todas las pacientes por igual, no un plan ajustado a ti. Un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico puede valorar tu cicatrización, tu tono muscular y tu tolerancia real, y construir una progresión más precisa —a veces más permisiva, a veces más cautelosa, siempre individual— en lugar de aplicarte la misma plantilla que a todas las demás.

Cuando empieces a retomar la actividad: no hace falta esperar de forma pasiva a un único «visto bueno» que lo autorice todo de golpe. La vuelta al suelo pélvico, a la pared abdominal y al ejercicio general se puede plantear de forma escalonada y guiada, empezando por lo más seguro para tu tejido y ampliando desde ahí; ese es, precisamente, el trabajo de una valoración de fisioterapia especializada.
Si la sexualidad ha cambiado: no es un tema menor ni uno del que avergonzarse. Como hemos visto, es precisamente donde la fisioterapia tiene más evidencia a favor. Merece una conversación específica, con tu ginecólogo y, si quieres trabajarlo de forma activa, con un fisioterapeuta especializado.
Si con los meses o los años notas escapes o sensación de peso: no es «lo normal después de la histerectomía» que haya que aguantar. Es exactamente el tipo de síntoma que puede beneficiarse de una valoración de suelo pélvico, y cuanto antes se identifique, más margen hay para trabajarlo de forma conservadora.
Cuándo pedir una valoración
Tiene sentido consultar con un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico si notas escapes de orina (aunque sean pequeños), sensación de peso o bulto en la vagina, molestias o cambios en las relaciones sexuales, o si simplemente quieres una guía clara sobre cómo y cuándo retomar el ejercicio tras la cirugía. También si vas a operarte y prefieres llegar con el trabajo ya empezado.
Preguntas frecuentes
¿La histerectomía provoca incontinencia siempre?
No. Es un factor que aumenta la probabilidad estadística de tenerla, no una consecuencia inevitable. La mayoría de las mujeres histerectomizadas no desarrolla incontinencia.
¿Da igual el tipo de histerectomía (vaginal, abdominal, laparoscópica)?
El gran metaanálisis de 2025 analizó el riesgo global asociado a la histerectomía, sin que los datos permitan afirmar con solidez que una vía concreta sea claramente más segura que otra para el suelo pélvico. La elección de la vía depende sobre todo de otros factores clínicos que decide tu ginecólogo.
¿Conservar el cuello del útero protege el suelo pélvico?
No hay datos que lo respalden. Al contrario: una revisión con seguimiento de 5 a 14 años encontró menos incontinencia urinaria tras la histerectomía total que tras la subtotal (con el cuello conservado), aunque sin diferencias en el riesgo de prolapso. La decisión de conservar el cuello suele depender de otros motivos médicos, no de un beneficio para el suelo pélvico.
¿Hacer ejercicios de suelo pélvico evita el prolapso tras la histerectomía?
Con la evidencia actual, no se puede afirmar eso. La revisión más específica sobre el tema no encontró efecto del entrenamiento sobre el prolapso, aunque sí sobre la función sexual.
¿Cuándo puedo volver a tener relaciones sexuales o a hacer ejercicio?
Depende del tipo de cirugía y de cómo evoluciona tu cicatrización; es tu ginecólogo quien debe darte el plazo concreto. En general se recomiendan varias semanas de reposo relativo antes de retomarlo con normalidad.
Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración individual. Cada histerectomía y cada recuperación son distintas, y conviene revisar tu caso con tu ginecólogo y, si procede, con un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico.
Recomendaciones generales
- No te quedes solo con el «no hagas nada durante 6 semanas». Pregunta también qué sí puedes hacer, no solo qué tienes prohibido.
- Aprende a gestionar la presión abdominal desde ya: suelta el aire al hacer fuerza, y evita aguantar la respiración al levantarte de la cama o al ir al baño.
- Si ya tenías una diástasis abdominal antes de operarte, no desaparece sola con la cirugía. Merece su propia valoración, no queda «arreglada» de paso.
- No esperes a tener síntomas para pedir cita. Una valoración preventiva, incluso sin molestias, sirve para detectar a tiempo una mala gestión de la presión abdominal.
- Habla de la sexualidad sin tabú. Es, con diferencia, donde más evidencia sólida tiene la fisioterapia tras la histerectomía: no te la calles por vergüenza.
- Desconfía de cualquier plazo dado como si fuera universal. «Seis semanas para todas» no es lo mismo que «seis semanas para ti»: una valoración individual puede ajustar ese plazo en cualquier dirección.
¿Quieres una valoración?
Si te vas a operar o ya te han hecho una histerectomía y quieres cuidar tu suelo pélvico con criterio, te acompaño en ese proceso. Miramos tu caso concreto, te explico qué está pasando y sales con un plan pensado para ti.
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Referencias
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- Dedden SJ, Werner MA, Steinweg J, Lissenberg-Witte BI, Huirne JAF, Geomini PMAJ, Maas JWM. Hysterectomy and sexual function: a systematic review and meta-analysis. J Sex Med. 2023;20(4):447-466. DOI: 10.1093/jsxmed/qdac051
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Raquel Delgado Corredera · Fisioterapeuta especializada en suelo pélvico · Colegiada n.º 10842