«¿De verdad sirve de algo entrenar el suelo pélvico durante el embarazo, o es solo una recomendación de cajón?». Me lo preguntan muchísimo en consulta. Y la respuesta, con estudios serios delante, es que sí sirve, con una condición muy concreta que casi nunca se explica: importa mucho cuándo empiezas.
También hay matices que pocas veces se cuentan, y creo que merece la pena contarlos con la misma honestidad con la que cuento lo bueno.

Por qué el embarazo es un momento clave para el suelo pélvico
El suelo pélvico sostiene el peso de todo lo que hay encima: vejiga, útero, intestino. Durante el embarazo, ese peso aumenta de forma progresiva a lo largo de los meses, y a la vez el cuerpo libera relaxina y otras hormonas que dan más laxitud al tejido conjuntivo, incluido el del propio suelo pélvico, para preparar el paso del bebé. Es decir: el suelo pélvico recibe más carga justo cuando el tejido que lo sostiene está más laxo. No es casualidad que la incontinencia urinaria sea uno de los síntomas más frecuentes del embarazo, y que muchas mujeres la noten por primera vez en su vida durante esta etapa, sin haberla tenido nunca antes.
Esto no es un detalle menor a largo plazo. Un estudio noruego que hizo seguimiento a mujeres siete años después del parto encontró que tener escapes durante el embarazo multiplicaba por cinco la probabilidad de seguir teniéndolos siete años después, comparado con las mujeres que no los tuvieron. Dicho de otro modo: lo que pasa en el embarazo no se queda solo en el embarazo. Por eso la prevención en esta etapa importa más de lo que parece a primera vista.
La revisión más sólida que existe sobre el tema
Aquí tenemos la evidencia más completa disponible: una revisión Cochrane que reunió 46 ensayos y más de 10.800 mujeres de 21 países, comparando el entrenamiento del suelo pélvico con no entrenar, en el embarazo y el posparto. Una revisión más reciente, centrada solo en el embarazo, con 7 ensayos y unas 1.400 mujeres, llega a la misma conclusión por otro camino: empezar pronto tiene efectos positivos sobre la continencia después del parto.

El resultado de la Cochrane, resumido de forma honesta, tiene dos caras.
Revisión Cochrane (2020) · 46 ensayos · 10.832 mujeres. En mujeres continentes que empiezan pronto, el entrenamiento del suelo pélvico durante el embarazo reduce en torno a un 62 % la probabilidad de tener escapes al final de la gestación, y el efecto se mantiene, algo más moderado, hasta seis meses después del parto. En mujeres que ya tienen escapes al empezar, no se encontraron pruebas claras de mejoría durante el embarazo ni en el posparto inmediato.
Si eres una mujer continente (sin escapes) y empiezas el entrenamiento pronto en el embarazo, la probabilidad de tener escapes al final del embarazo se reduce en torno a un 62 %, y ese efecto se mantiene, algo más moderado, hasta seis meses después del parto. Es un resultado con evidencia de calidad moderada-alta, de las cosas más consistentes que vas a leer en este blog.
Si ya tienes escapes cuando empiezas a entrenar, la revisión no encuentra pruebas claras de que el entrenamiento los resuelva durante el embarazo o el posparto inmediato. Esto no significa que no sirva de nada entrenar en ese caso —en otras etapas de la vida sí hay buena evidencia de tratamiento, como cuentan los artículos sobre incontinencia urinaria y recuperación posparto—, sino que durante el embarazo su papel mejor demostrado es la prevención, no la cura sobre la marcha.
El matiz a largo plazo que hay que conocer
Aquí toca ser transparente, porque en este blog no nos quedamos solo con el dato que más vende. El mismo estudio noruego que mencioné antes hizo un seguimiento a siete años de mujeres que habían entrenado el suelo pélvico durante el embarazo, dentro de un programa estructurado de doce semanas, frente a las que recibieron solo el control habitual. A los siete años, no encontró diferencias claras entre los dos grupos en la presencia de escapes.
¿Contradice esto lo anterior? No exactamente, y la diferencia importa: el beneficio bien demostrado es a corto y medio plazo (embarazo tardío y primeros meses posparto), no una protección garantizada para toda la vida. Muchas otras cosas pasan en siete años (partos posteriores, cambios de peso, la propia edad) que diluyen cualquier efecto de un programa puntual. Lo que sí se mantuvo claro en ese estudio es el dato del principio: tener escapes en el embarazo predice tenerlos años después. Por eso el objetivo realista de entrenar ahora no es «una protección de por vida», sino evitar que aparezcan en el momento de mayor riesgo, y no perder la oportunidad de trabajarlo cuando más fácil es prevenir.
¿El ejercicio en general puede provocar escapes?
Es una preocupación habitual, y la buena noticia es que la evidencia la desmiente. Una revisión con más de 12.000 mujeres no encontró asociación entre hacer actividad física moderada durante el embarazo (o el posparto) y tener incontinencia urinaria. Es decir: moverte, caminar, nadar o entrenar de forma moderada no te pone en más riesgo de escapes. Si te han dicho que dejes de hacer ejercicio «por si acaso», esa recomendación no tiene respaldo; lo que sí tiene respaldo es entrenar bien el suelo pélvico, que es distinto de dejar de moverte.

Por qué no basta con «apretar»
Aquí es donde entra mi trabajo de verdad, y por qué «hazte unos Kegel» no es una preparación seria. El entrenamiento que muestra estos resultados no es contraer sin más: es identificar bien el músculo (muchas embarazadas, sin darse cuenta, terminan contrayendo el abdomen o los glúteos, que son los errores más frecuentes al hacer estos ejercicios), trabajarlo con una dosis progresiva y mantenida en el tiempo (los programas de los estudios duran típicamente entre 8 y 12 semanas, no unos días sueltos), y comprobar que la técnica es correcta, no darla por hecha.

Junto al propio suelo pélvico, en consulta trabajamos también la faja abdominal (porque sostiene la misma presión que recibe el suelo pélvico) y la respiración, que es lo que conecta ambas cosas. Son piezas del mismo mecanismo, no ejercicios sueltos.
Recomendaciones generales
- Empieza en cuanto puedas, no en el tercer trimestre. La evidencia de prevención es mejor cuanto antes se empieza y mientras todavía no hay escapes.
- Piensa en semanas, no en días. Los programas que muestran resultados duran entre 8 y 12 semanas de trabajo mantenido, no una racha puntual antes del parto.
- No te conformes con «aprieta ahí abajo». Si nadie te ha comprobado la técnica, es fácil estar entrenando el músculo equivocado sin saberlo.
- Si ya tienes escapes, no esperes un milagro del entrenamiento durante el embarazo. Merece la pena igualmente, sobre todo pensando en la recuperación posparto, pero sin esa promesa concreta.
- No dejes de moverte por miedo a los escapes. La actividad física moderada no aumenta ese riesgo; dejarla tiene sus propios costes, sin ese beneficio a cambio.
- No lo hagas solo por el suelo pélvico. La faja abdominal y la respiración forman parte del mismo trabajo.
- Si tuviste escapes en un embarazo, coméntalo en los siguientes. Es un dato relevante para tu seguimiento, no algo que haya que callar por costumbre.
- Entiende la prevención como una ventana, no como una garantía para siempre. Aprovecharla ahora es lo que está en tu mano; lo que pase en los años siguientes depende de más factores.
Cuándo pedir una valoración
Tiene sentido pedir cita con un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico en cualquier momento del embarazo, y especialmente pronto si quieres aprovechar la ventana en la que el entrenamiento tiene mejor evidencia preventiva. También si no estás segura de si estás contrayendo el músculo correcto, si ya notas algún escape y quieres un plan ajustado a tu caso, o si tuviste incontinencia en un embarazo anterior y quieres abordarlo mejor esta vez.
Preguntas frecuentes
¿Entrenar el suelo pélvico en el embarazo evita al 100 % los escapes?
No, y nadie puede prometerte eso. La evidencia muestra una reducción importante del riesgo a corto y medio plazo (en torno al 62 % en mujeres continentes que empiezan pronto), no una garantía individual ni de por vida.
¿Si tengo escapes en el embarazo, los voy a tener siempre?
No necesariamente, pero es un factor de riesgo real: un estudio con siete años de seguimiento encontró que multiplicaba por cinco la probabilidad de seguir teniéndolos. Es justo el motivo por el que merece la pena tomárselo en serio ahora, no una sentencia definitiva.
¿Hacer ejercicio en el embarazo aumenta el riesgo de escapes?
No según la evidencia disponible: la actividad física moderada no se asocia a más incontinencia. No hay motivo para dejar de moverte por este miedo en concreto.
¿Sirve entrenar el suelo pélvico si ya tengo escapes en el embarazo?
Con la evidencia actual sobre el embarazo en concreto, no hay pruebas claras de que el entrenamiento los resuelva en ese momento. Sí merece la pena hacerlo igualmente, por otros beneficios y de cara al posparto, pero sin prometerte que el escape va a desaparecer ya.
¿A partir de qué semana puedo empezar?
No hay una semana mágica en los estudios, pero como el efecto preventivo es mejor cuanto antes se empieza y los programas necesitan de 8 a 12 semanas para mostrar resultados, lo razonable es no esperar al tercer trimestre.
Este artículo es divulgativo y no sustituye el seguimiento de tu matrona o ginecólogo durante el embarazo. Cada gestación tiene sus particularidades, y conviene comentar cualquier plan de entrenamiento con tu equipo obstétrico.
¿Quieres una valoración?
Si estás embarazada y quieres preparar el suelo pélvico con criterio, en una valoración comprobamos que estás activando el músculo correcto y sales con un plan pensado para tu momento del embarazo.
Atendemos en consulta en Antequera y también online por videollamada, así que da igual dónde vivas.
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Referencias
- Woodley SJ, Lawrenson P, Boyle R, Cody JD, Mørkved S, Kernohan A, Hay-Smith EJC. Pelvic floor muscle training for preventing and treating urinary and faecal incontinence in antenatal and postnatal women. Cochrane Database Syst Rev. 2020;5(5):CD007471. DOI: 10.1002/14651858.CD007471.pub4
- Mantilla Toloza SC, Villareal Cogollo AF, Peña García KM. Pelvic floor training to prevent stress urinary incontinence: A systematic review. Actas Urol Esp. 2024;48(4):319-327. DOI: 10.1016/j.acuroe.2024.01.007
- Stafne SN, Dalbye R, Kristiansen OM, Hjelle YE, Salvesen KÅ, Mørkved S, Johannessen HH. Antenatal pelvic floor muscle training and urinary incontinence: a randomized controlled 7-year follow-up study. Int Urogynecol J. 2022;33(6):1557-1565. DOI: 10.1007/s00192-021-05028-x
- Von Aarburg N, Veit-Rubin N, Boulvain M, Bertuit J, Simonson C, Desseauve D. Physical activity and urinary incontinence during pregnancy and postpartum: A systematic review and meta-analysis. Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol. 2021;267:262-268. DOI: 10.1016/j.ejogrb.2021.11.005
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Raquel Delgado Corredera · Fisioterapeuta especializada en suelo pélvico · Colegiada n.º 10842